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Eyes Wide Shut (2) EYES WIDE SHUT (2)

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 EYES WIDE SHUT  (2)   Stanley Kubrick, 1999






Si uno lo piensa bien Eyes Wide Shut trata del conflicto entre William Harford (Bill), doctor en Medicina, cuya profesión parece anestesiar su deseo sexual, y su esposa, Alice, convencida de que su  condición de casada merma su libertad, degrada su identidad, y enturbia su especificidad ontológica.

Para Bill en cambio el matrimonio consolida el amor que siente hacia su mujer y asegura una recíproca fidelidad. Para Alice estar enamorada no significa vaciarse en su marido sino seguir siendo fiel a su propia personalidad y naturaleza. Alice detesta que su marido no sea capaz de advertir que ella misma es y no es otra persona o cosa; que la especificidad del hombre casado no debe de erosionar la de la mujer, y que solo podrían ser felices armonizando sus diferencias.


Lo interesante es que el empecinamiento de Alice de no ser tenida por lo que es (independiente, etc),  lo convertirá en falacia el transcurrir mismo de la película. Y no solo Bill sino también Alice fracasarán estrepitosamente cuando se sientan solos y encerrados en sus contumaces obsesiones. El fracaso de las individualidades (la de Bill y la de Alice) las pondrá fin la propia Alice cuando al terminar la película enarbole victoriosa la bandera del ¡Follemos! Consiste el descubrimiento en percibir que el follar es el respirar dual de la pareja. Que sin esa sana ventilación no puede haber especificidad alguna en el compromiso matrimoniado. Que el acto sexual de los enamorados- hacer el amor- renueva y vitaliza el afecto, la devoción y la adhesión; que solo haciendo el amor hacen amor, consiguiendo así alcanzar un nivel superior de la experiencia al fusionar y complementar sus dos distintas especificidades.


El conflicto entre los dos prende al poco de empezar la película: Mientras que los espectadores hemos visto ya (y seguiremos viendo) a una Alice desnuda, su marido, el que anda a su lado, no parece sentirse atraído por el extraordinario cuerpo de su mujer. Y se advierte ya la desnaturalización mecanicista de la relación sentimental en el dialogo que abre la película mientras se arreglan para asistir a la fiesta navideña de Victor Ziegler, un potentado neoyorkino, paciente del Doctor Harford:


 Alice mirándose al espejo:¿Qué tal me está este peinado?

-Bill: Muy bien.

-¡Si no me lo has visto!

 Bill se vuelve y la besa en la nuca: Todo te está estupendamente.

-Alice: Ya, ya…Venga, vámonos.


ALICE (looking in mirror) How do I look?

BILL You look great.

ALICE My hair okay?

BILL Perfect.

ALICE You're not even looking at it.

Bill kisses her neck. It's absolutely beautiful.  You always

look beautiful.

ALICE Oh, shut up...  OK, let's go.


Como si notar la belleza de su mujer se hubiera ido reduciendo (están los dos en los treinta y tienen una niña, Helena, de siete años) hasta convertirse en invisible, en objeto prescindible, uno más de la serie de objetos bellos que contiene la casa.  Como esos temas florales de los cuadros que cuelgan en las paredes del piso. Como si la excepcional flor que es Alice hubiera ido perdiendo fragancia, exquisitez y vida desde la percepción del marido que cree de verdad que todo está en donde debe de estar cuando la verdad es que todo está en donde no debería de estar: no se adapta Alice a lo que se espera de ella, y es que ella no cree que debe de ser lo que no es, ni que debe representar lo que le exige un marido en connivencia excesiva con la institución matrimonial.




Parece, en todo caso, que, como decía arriba, el Dr. William Harford (Bill), acostumbrado a las exploraciones físicas que su profesión exige, y al levantar un muro entre la paciente desnuda y su deseo, la ausencia de deseo asumida la ha extendido hasta el cuerpo y la identidad de su mujer. Que acostumbrado a la costumbre de no desear, termina Bill por desear poco y mal a su propia mujer. La película gira en torno a ese sutil desajuste -me temo que en light o mejor en leggerezza- entre el sometimiento gustoso a lo institucional, y la libertad del individuo. Con la consiguiente y potente ironía estructural: cuando Bill no hace caso al recto proceder emanado de sus convicciones, las cosas le funcionan muy mal y no  alcanza en absoluto el paraíso que pensó le estaba escamoteando Alice; todo se pone en contra suya y todo se convierte en peor de lo que estaba.


Lo que sí es cierto es que el Dr. Harford ha reducido insensiblemente a Alice a una serie de roles derivados del  hecho mismo de estar casados. Es como si Alice no fuera tanto Alice como casada con William Harford. Y al revelarse ella contra las desigualdades que el matrimonio tradicional genera, enarbola el derecho a la libertad por encima de cualquier dicto institucional. Mientras, Bill tiene que oír de Alice que jamás estará ella al servicio de los convencionalismos. Que no es su mujer si serlo rebaja lo que ella es. Y para demostrarle que es fiel a su propia libertad y a ella misma, le cuenta que el verano pasado en Cape Cod, estuvo a punto de abandonar todo, marido e hija, todo, también su futuro, si aquel oficial de Marina que conocieron en el hotel le hubiera pedido que se fueran juntos. Sintió tal plenitud y felicidad que le hubiera seguido hasta el fin del mundo. Lo que dice Alice parece implicar – pero solo lo parece- que se acostó con él.


El caso es que  la confesión de Alice causa en Bill un impacto absoluto. Le produce una inseguridad tan brutal que cambia totalmente y desde ahora vivirá la presunta infidelidad de su mujer  persecutoriamente. Las alucinaciones producidas por los celos le persiguen, incrementando su dolor y destrozando  su cordura e inspirando de paso profundos deseos de venganza contra Alice.

Mientras las imaginaciones alucinadas irrumpen en su mente como lanzazos, van sucediendo los siguientes hechos: (1) La increíble declaración de amor de Marion a Bill; (2) la frustrada experiencia sexual con Dominó; (3) las insinuaciones de Leelee, la hija del perverso Milich, en la tienda de disfraces; (4) la fiesta de los desnudos enmascarados; (5) las sospechas de Bill sobre las actividades criminales de los organizadores de la mascarada; (6) las explicaciones de Victor Ziegler sobre la desaparición de Nick Nightingale, su amigo pianista, y la muerte de Dominó. (7) La vuelta de Bill a casa y la confesión sincera a Alice de todo lo que ha pasado; (8) La conciliación final entre Alice y Bill.


Al principio de la película El graduado (The Graduate Mike Nichols, 1967) un rico financiero invitado a la fiesta que dan los padres de Ben (Dustin Hoffman) para celebrar su graduación, viendo al chico tan triste y desorientado le confía una sola palabra que -piensa él-  borrará para siempre su desazón vital y le convertirá  en un hombre realizado y feliz : “Plastics”, le susurra sin añadir ni una  palabra más. El secreto consejo del financiero, viene a ser como esa palabra talismán que en los cuentos de hadas disuelve incertidumbres y se convierte en el rumbo que  tomará definitivamente la vida del héroe.

Mientras los Harford hacen las compras de Navidad sin dejar de dar vueltas a lo que deben de hacer para superar sus desavenencias, Alice le confía a Bill que lo que deben de hacer es follar ( Fuck! ¡Follemos!). Lo que quiere decir Alice es que a partir de ahora van a hacerlo como nunca lo han hecho, consiguiendo así  la ansiada intensidad mutua que falta en sus vidas.


Cerrando nosotros bien los ojos, podemos vislumbrar ahora, que la película de Kubrick es un cuento de Navidad para mayores. Alice está segura de que ha encontrado la piedra filosofal que salvará su matrimonio, y  Kubrick nos susurra a los espectadores (antes de desaparecer de este mundo- murió al poco), que la piedra filosofal, el acto que extinguirá los conflictos que  aquejan a sus personajes (y quizá a sus espectadores) ,lo centrifuga a la perfección el delirio mismo del follar.








Pero es que antes de encontrar Alice la piedra filosofal que convierte en oro el follar, la película mostraba cómo la sexualidad perecía, se ahogaba, se raquitizaba, sin que sus protagonistas se enteraran mucho inmersos como estaban en  la pesada monotonía del vivir aburridamente. El caso es que Alice que quiere sentirse libre busca con el mismo ahínco establecer auténticos vínculos afectivos con su marido. Parece bastante absurdo que la superación final de todos los problemas vaya a resolverse –eso es lo que se proponen a dúo- por la vía del follar intensivo. Que Alice haya perdido su trabajo de directora de una galería de arte, da un ligero toque mortuorio a los libros y a los cuadros que inundan su casa. Que seguro que tuvieron mucho más sentido cuando Alice dirigía la galería. Y aunque no parezca preocuparle mucho  la pérdida de su trabajo de galerista, está claro que su vida está llena de larguísimos bostezos.



Cuando Bill entra en su casa vistiendo el traje negro de las visitas médicas, lo entendemos culpable de exterminio: Las flores (que sin duda personifican a la florida Alice) ni  huelen ni las balancea la brisa primaveral: están quietas y calladas, reas en sus preciosas cárceles  rectangulares  mientras  el jardín vertical  tiende a derramar flores por encima del que lo atraviesa.

La forma de hacer el amor entre los dos ha perdido la olorosa excepcionalidad que tuvo. Es importante entenderlo porque la carencia esencial define la sutil vacuidad del periodo en el que se encuentran sus dos pobres pero ricas existencias. Pero no se trata solo del vacío existencial que sufre el pobre Bill  hay que advertir también que el ambiente del piso tiene un toque  teatral a través de esos cuadros que proclaman la vida plena de las flores eternamente abiertas  desgañitando tozudamente la intención de su presencia.






El desnudo inicial  de gran impacto y refinada sexualidad quedó pronto contaminado por la escasa belleza del orinar de Alice, y la impasibilidad de Bill. Que si no advertía el peinado de Alice tampoco advierte la función fisiológica de su mujer. Toda la delicadeza de la sexualidad original cae al suelo derrumbada por una estética de la sobredosis. Lo fisiológico –orinar-  debería dejar fuera de combate la belleza de la sexualidad y sus exquisitos refinamientos, el desnudo. Pero el pis en el retrete (con Bill tan cerca como ausente) se lleva consigo la exquisitez, la íntima privacidad, el bellísimo recato del desnudo inaugural que deberíamos calificar de primigenio. Porque lo cierto es que lo exquisito del desnudo inicial (con metafísica incluida) no se da bien la mano con la mano de Alice limpiándose los genitales con  papel de váter. Y Alice, mientras tanto, tanto vestida, desnuda como orinante, desfila sin pena ni gloria ante la sensibilidad limitada y adormecida de su marido.


Del aburrimiento con papel higiénico  a la promesa del esplendor de las prácticas sexuales a toda vela que lo arreglan todo. El mágico ¡follemos!. Pero si es bien cierto que a Bill no le afecta, no le dice nada, el desnudo esplendido, el elegante vestido, ni el pis de su mujer, lo cierto es que responde moderadamente bien al acoso de las dos jovencitas modelos en la fiesta del magnate Victor Ziegler. Y que debe ser el aburrimiento sexual que debe sufrir Bill en casa, lo que le conduce a la cuesta abajo de las jovencitas modelos que llevan los pechos y las intenciones bien altas.

Mientras Alice  asciende por la escalinata grandiosa que a sus pies le tiende Sandor Szavost, el húngaro más seductor que imaginarse pueda, pensamos: ¿Qué le hubiera pasado a Bill si  hubiera subido en el ascensor (el que conduce a la esculturas cúbicas) con las dos modelos que le acosan con sus maravillosas y ajustadas intenciones? ¿Y qué hubiera sido de Alice con tanto champagne y tanto húngaro irresistible si no hubiera sido capaz de manejar la conducta seductora del húngaro imponiéndose ella los límites sociales de la fiesta misma? Alice se aburre sexualmente en casa mientras que sin darse mucha cuenta se adentra con los ojos bien cerrados (Eyes Wide Shut) por las voluptuosas fronteras de la infidelidad. Pero no lo hace. Sabe disfrutar, y mucho. Y luego, antes de perderse del todo, enseña la bandera de su dedo con el escudo de armas del anillo matrimonial.










Source: http://bathtubsinfilms.blogspot.com/2016/12/eyes-wide-shut-2-eyes-wide-shut-2.html?_escaped_fragment_=

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